ML edición 2010
Testimonio de Melisa Bozzo
En el verano del año 2010 Cristo me regaló la oportunidad de encontrarme profundamente con Él. Este encuentro fue posible gracias a un grupo maravilloso de misioneros universitarios que, con gran entusiasmo y amor dieron testimonio del Evangelio y supieron llegar a los corazones de numerosas familias de Coquimbito, entre las cuales se encontraba la mía.
En un primer momento, nos acercamos con mi hermana Vanesa a un taller de jóvenes organizado por los misioneros, y fue allí donde nos invitaron a llevar a cabo esta bella tarea junto a ellos. Tuve la oportunidad de ser misionada, como así también de misionar, lo cual personalmente significó una enorme bendición. De esta manera aceptando la invitación, pude ser parte del anuncio misionero.
Por un lado fui agraciada en participar de algunos momentos en la vida interna de la misión. La calidez con que fui recibida, sumada a las actividades y vivencias compartidas en el grupo, dejaron traslucir a un Cristo realmente vivo y presente en medio nuestro, grabando en mí un recuerdo imborrable. Por otra parte tuve la dicha de dar testimonio, en mi propia comunidad, de ese mismo Amor vivido anteriormente. Fue una experiencia verdaderamente enriquecedora, ya que además de poder asistir a algunas familias en sus hogares, a través de la escucha y la oración, igualmente abundantes fueron las enseñanzas que ellas me aportaron. Asimismo me emocionó y alegró la presencia de Francisco, quien desde Chile, vino a compartir una misma fe y las mismas ganas de ayudar a las comunidades que están alejadas de la Iglesia o que necesitan renovar su fe. Sería bueno que muchos siguiéramos su ejemplo y nos animemos a soñar con el anuncio de la Buena Noticia más allá de las fronteras de nuestro propio país, para que cada vez sean más los lugares en América Latina alcanzados por la luz de Cristo.
Realmente fue una experiencia inolvidable, a partir de la cual, surgió en mí el ferviente deseo de seguir como joven el camino que Cristo nos propone. Así fue que decidí comenzar el difícil pero, hermoso desafío de anunciar el Evangelio, no sólo en comunidades concretas sino también en el ámbito universitario, estrechando vínculos y caminando con otros estudiantes que comparten el mismo deseo.
Por ello, quiero invitarlos a animarse a vivir esta extraordinaria experiencia, poniéndose al servicio de la Iglesia como instrumentos para sembrar en otros corazones la semilla del Evangelio, confiados en que Dios cosechará los frutos, y de esta manera construir juntos una mejor y más unida sociedad Latinoamericana que viva en plenitud los valores de Cristo y de la Iglesia.
¡A no perderse esta gran oportunidad! ¡Un abrazo grande a todos!
Melisa.
Testimonio de Francisco Cáceres, misionero chileno.
Tuve la oportunidad de participar de una Misión Latinoamericana en Argentina. Fue una experiencia de fronteras realmente muy profunda. El sólo hecho de estar en otro país como misionero extranjero es ya muy enriquecedor. Nos separan unos cientos de kilómetros y las diferencias culturales y sociales son muy variadas. Sin embargo, a pesar de las barreras que nos separan, hay muchas cosas que nos unen y que nos ayudan a luchar unidos por una Latinoamericana mucho más justa y donde todos tenga la oportunidad de una vida digna. Hemos sido miles, a lo largo del país y Latinoamérica, los que nos hemos movilizado con alegría para ir en busca de quienes más necesitan, para compartir las buenas noticias, la sencillez, la libertad, para mostrar una Iglesia viva que está presente en los jóvenes.
Sé muy bien que para los misionados el beneficio no es menor, ellos acogen a los misioneros como un regalo de Dios y se sienten acompañados en sus soledades, encuentran oportunidad para conversar sobre situaciones y decisiones muy personales e importantes, para redescubrir el valor de la fe y se animan a cultivar con Dios una relación más vital.En las diversas actividades aprendimos que no éramos dueños de todas las verdades, tuvimos la experiencia de cómo Jesús nos acompañaba y ponía palabras de vida en nuestras bocas, y sobretodo, reconocimos como Él estaba vivo y presente en la fe de quienes nos acogían. El regreso a nuestros hogares nos provoca un cuestionamiento muy fuerte, nos preguntamos por la intensidad de la fe en nuestra vida habitual. Muchas veces dicen cuánto les cuesta compartir lo que han vivido en lo profundo, más allá de las anécdotas, con sus familias y amigos. Nos damos cuenta de que es mucho más exigente dar testimonio en la propia tierra.
Es por eso que la Iglesia evangeliza junto a los jóvenes, para seguir soñando con una Latinoamérica mejor, con la convicción de que Dios está presente en nuestra historia y que su palabra es fuente de vida plena para todos.
+Sumá tu fuego, iluminemos con Cristo+
un abrazo a todos,
desde ChileFrancisco
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